Esperamos
los retrasos que sean precisos (nunca sucede a la hora anunciada), para
escuchar lo que tienen que decirnos desde el Gobierno sobre la situación, o las
medidas que van adoptar en estos tiempos tan aciagos de alerta máxima.
Esperamos aún sabiendo de antemano que
las noticias que vendrán no pueden ser muy esperanzadoras a corto plazo. La realidad
es la que es que ni el Gobierno, ni nadie por el momento puede hacer nada.
Hasta hoy, lo más efectivo es el lavado de manos.
Y el medicamento mejor, el
jabón. Así como suena. El remedio se remonta en el tiempo muy atrás. Nada
nuevo: lavarse bien las manos siempre fue una buena protección contra los
virus. Contra ese Coronavirus microscópico que no da la cara y sí utiliza
feroces armas capaces de acabar con muchas vidas. Científicos de todo el mundo
pasan horas y horas tratando de vencerlo sin, hasta el momento, conseguirlo.
Saben muy poco de ese extraño microorganismo y se afanan con todos los medios a
su alcance, conectados para su estudio los mejores ordenadores del mundo, en
hallar una respuesta que nos salve. Quiero creer que más pronto que tarde
aparecerá la mágica vacuna y los medicamentos que lo combatan. Habrán quedado,
eso sí, demasiadas vidas por el camino. Dicen que los hombres cada cierto
tiempo desencadenan una guerra para volver a empezar de cero a reconstruir lo
que después por una u otra razón, o interés, nosotros mismos destruiremos. Pero
que sea un enemigo invisible… complica un poco más las cosas. Esperemos que
pronto nuestros mal pagados y, hasta hoy, poco considerados, encuentren el
remedio para parar esta pandemia que trae de cabeza al mundo entero. Todo
cambiará después de esta mala experiencia, que nadie lo dude.
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| EL JABÓN DE NUESTRAS ABUELAS |


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