Vistas de página en total

sábado, 4 de abril de 2020

ESPERANDO NOTICIAS


Esperamos los retrasos que sean precisos (nunca sucede a la hora anunciada), para escuchar lo que tienen que decirnos desde el Gobierno sobre la situación, o las medidas que van adoptar en estos tiempos tan aciagos de alerta máxima. Esperamos aún sabiendo  de antemano que las noticias que vendrán no pueden ser muy esperanzadoras a corto plazo. La realidad es la que es que ni el Gobierno, ni nadie por el momento puede hacer nada. Hasta hoy, lo más efectivo es el lavado de manos. 
Y el medicamento mejor, el jabón. Así como suena. El remedio se remonta en el tiempo muy atrás. Nada nuevo: lavarse bien las manos siempre fue una buena protección contra los virus. Contra ese Coronavirus microscópico que no da la cara y sí utiliza feroces armas capaces de acabar con muchas vidas. Científicos de todo el mundo pasan horas y horas tratando de vencerlo sin, hasta el momento, conseguirlo. Saben muy poco de ese extraño microorganismo y se afanan con todos los medios a su alcance, conectados para su estudio los mejores ordenadores del mundo, en hallar una respuesta que nos salve. Quiero creer que más pronto que tarde aparecerá la mágica vacuna y los medicamentos que lo combatan. Habrán quedado, eso sí, demasiadas vidas por el camino. Dicen que los hombres cada cierto tiempo desencadenan una guerra para volver a empezar de cero a reconstruir lo que después por una u otra razón, o interés, nosotros mismos destruiremos. Pero que sea un enemigo invisible… complica un poco más las cosas. Esperemos que pronto nuestros mal pagados y, hasta hoy, poco considerados, encuentren el remedio para parar esta pandemia que trae de cabeza al mundo entero. Todo cambiará después de esta mala experiencia, que nadie lo dude.
EL JABÓN DE NUESTRAS ABUELAS



viernes, 3 de abril de 2020

CRISTINA ÁLVAREZ DE CIENFUEGOS nos manda poema y cuadro


                                                Le Dejéuner sur l´Herbe (Édouard Manet)

                                                                 Hay un verde bandera
                                                                 mirando al cielo,
                                                                 callado, sombrío,

                                                                 Cubre la tierra,
                                                                 pinta los sueños,
                                                                 el otoño tardío,
                                                                 los pinceles, las telas,
                                                                 los desayunos sobre la hierba

                                                                 Bajo imberbes miradas,
                                                                 una dama
                                                                 se ofrece

                                                                 Sus carnes de luz
                                                                 iluminan el bosque
                                                                 dormido en el lago

                                                                Y un soplo divino
                                                                deslíe el genio
                                                                en el tortuoso camino
                                                                colgado de lontananza

REFRANES PARA CURSIS, por PIN DEL TAPÍN



 1.-   Vale más ovíparo volador en fosa metacarpiana, que la 2ª potencia de 10, pululando por el espacio infinito.

 2.-   Crustáceo decápodo que pierde su estado de vigilia, es arrastrado por el ímpetu marino.

 3.-   Relátame con quién deambulas y te manifestaré tu idiosincrasia.
 4.-   A perturbación ciclónica, rostro jocundo.  
     
 5.-   Líquido elemento que no has de ingurgitar, permítele que discurra por su   cauce.
 6.-   El globo oftálmico del poseedor, torna obeso el equino.

 7.-   Quien a ubérrima conífera se adosa, óptima umbría le entolda. 

 8.-   Me encuentre yo a temperatura elevada, y muestre el vulgo su regocijo.

 9.-   A equino objeto de dádiva, no se le observan las piezas odontológicas.

10.-  El rumiante cérvido, propende al accidente orográfico.

11.-  No existe adversidad que por buenaventura no se trueque.

jueves, 2 de abril de 2020

DESDE MI JAULA DE ORO

Cuadro de REMEDIOS VARO
No sé los días que hace que estoy en mi jaula de oro, aunque son más importantes y preocupantes los días que me/ nos queden. Bueno, puede que tanto como para decir que es de oro no sea, pero de plata sí. Estoy confortable, con todas mis cosas, sin que me falte de nada, no enfermé..., tal vez aún. Eso es una incógnita; pero si sucede, no será por los medios para evitarlo que no haya puesto. Tengo la impresión de estar viviendo una pesadilla, pesada, o viendo una película de ciencia ficción. Me recuerda el "Ensayo sobre la ceguera" de Ramón J. Sender que leí hace muchos años. No recuerdo con exactitud el argumento, aunque sí el impacto que me causó, porque se trataba del estudio del comportamiento de los seres humanos ante circunstancias extremas (en ese caso la ceguera colectiva). La conclusión era más o menos "sálvese quien pueda". Por fortuna era sólo un ensayo, y  compruebo que no responde al comportamiento de la sociedad cuando está en una tesitura grave, como la actual. Ahora prima aquello de "todos a una". De repente  nos hemos vuelto buenos, solidarios, amables..., qué extraña paradoja somos los humanos. Capaces de las más gloriosas de las  hazañas y de las más deleznables ídem. En pocos días hemos convertido en héroes a quienes antes ni mirábamos: limpiadoras, cajeras de supermercado, repartidores a domicilio... Y ya qué decir de los médicos y del personal sanitario, muy mal tratado casi siempre: bajos sueldos, malos contratos, escasez de recursos. En realidad somos los mismos de hace apenas un mes, pero el microscópico enemigo nos ha bajado los humos. Saldremos de esta,  aunque algunos se quedarán por el camino, pero la gran duda es ,¿habremos aprendido la lección?

miércoles, 1 de abril de 2020

"SIN SALIDA APARENTE", por CRISTINA ÁLVAREZ de CIENFUEGOS



CRUZO la autopista de la noche con los faros encendidos. La oscuridad se
 cierne más allá de lo que alcanza mi vista. El cuentakilómetros ralentiza la
 marcha. Ni una sola figura bordea el camino. Avanzo sin tino, con el
 ronroneo del motor como eco que no calla.


No reconozco las vías, me pierdo, rodeo, camino más de lo necesario. De 
pronto unas luces muy tenues se descuelgan del cielo, iluminan una 
ciudad que no conozco, sus calles están desiertas con fábricas 
abandonadas, me sobresalto. Llego a una rotonda con varias salidas, 
ninguna de ellas tiene nombre. Doy varias vueltas, al fin me decido 
y tomo las más ancha, las demás son estrechas y empedradas. Ruedo
unos kilómetros con la noche cubriéndome las espaldas, un pitido me
 indica que el combustible entra en la reserva. Pocos kilómetros podré
 aguantar sin repostar. Continúo la marcha aminorando la velocidad. 
Afuera es noche oscura y el frío se palpa.
Ahora recuerdo porqué estoy aquí, me invitaron a una velada tras de la 
cual hubo cena, yo era la única que venía de fuera, los demás se quedaron
 allí. Al salir de la ciudad, la oscuridad me confundió. La euforia se me
 heló en los labios.
No voy bien, ni una señal que me pueda orientar. Conduzco sin 
encontrar nada mientras el depósito se agota, imposible caminar más,
 el motor se detiene en la raquítica cuneta. Apago las luces y me acurruco, 
tan solo el fulgor de una estrella me envía algo de luz. Como puedo me
 abrigo, cierro los ojos y hago como que duermo.
El ladrido de un perro me sobresalta, se oye cada vez más cerca.
Ahora son sus gemidos los que me congelan. Lo veo venir 
entre la sombra, jadeante. Percibo su temor mucho mayor que el mío.
Está solo, como yo, parece perdido, como yo, quizá abandonado, 
como yo. Abro la puerta y de un salto se coloca a mi lado. Me
 lame las manos y el rostro, me da calor, le acaricio y en cálido abrazo
 nos fundimos, se apagan las últimas luces, se aproxima el alba.


martes, 31 de marzo de 2020

MARTES NEGRO

Tal color le dieron hoy en varios medios de comunicación al aciago  martes  de esta primavera que pasa ajena a nuestros problemas. Ni que decir tiene que el bautismo  se debe a las estadísticas que se empeñan en sumar en negativo día tras día. "El pico" del que tanto nos hablan desde el Gobierno no termina de llegar. Aunque, a decir verdad, no tengo muy claro si una vez alcanzado mejorará nuestra situación. Se trata, por lo que yo quiero entender, de que comiencen a quedar libres  las Unidades de Cuidados Intensivos para, qué curioso, poder seguir recibiendo pacientes. Hasta ahí lo entiendo, pero me intranquiliza pensar que se trata de que no enfermemos todos a la vez para poder ser atendidos. ¿Acaso se espera que enferme toda la población? Esperemos que no sea así. Y así lo ve nuestro amigo el pintor Valentín del Fresno con este hermoso cuadro con el que ilustro esta entrada que es una bocanada de aire fresco en momentos tan complicados para todos. Lo que dice Valentín, ya lo decía mi abuela. Por lo que sé que es cierto.

lunes, 30 de marzo de 2020

"EL CUADRO", por CRISTINA ÁLVAREZ de CIENFUEGOS


SE CONVOCARON reuniones en torno de aquella mesa donde cada miembro de la junta proponía su idea. Era preciso rescatarlos del olvido en que habían caído por falta de espacio donde exhibirlos. Permanecían ocultos, perdidos, sin destino. Ellos, que hicieron gloria en el ateneo decorando las primeras exposiciones, cuando sus pinceles comenzaban a despuntar. Sí, era de justicia alumbrarles nueva vida. Sería en un libro, un libro de oro, algo excepcional.
Se repartieron las obras y sus autores. Cada cuadro era un mundo de sugerencias. Era preciso investigar sobre ellos y plasmar tanta belleza con su debida reseña. Comenzaron a elaborar el trabajo, las nuevas tecnologías sirvieron de ayuda. En cada una de sus páginas figurarían el pintor y sus obras correspondientes, aquellas que formaron parte de las exposiciones.
Laborioso trabajo, pero al fin, se culminó con notable éxito. Todo acabado y llevado a la imprenta.
Aun así, faltaba algo…había un cuadro entre los demás, con flores y autor desconocido. Su firma, en la parte inferior derecha, resultaba ilegible salvo la inicial que podía adivinarse como una F de contornos curvilíneos. Representaba la figura de una mujer sentada en su taller, de espaldas al espectador. En sus manos unos pinceles tratando de plasmar sobre un lienzo todo el cromatismo de aquel búcaro sobre la mesa. La pintura en sí, era una belleza. Pero resultaba imposible incluirla en el libro puesto que carecía de autor y, por consiguiente, nada se podía decir acerca de su biografía. De modo que, con gran pesar, por parte de la junta, se decidió prescindir de ella.
Pero en uno de aquellos días en que ya, se había dado por finalizado el trabajo y puesto a disposición de la imprenta, se presentó un joven que se hacía llamar Fabiani. Explicó y habló de una mujer situada en las postrimerías del siglo XIX que había consumado su corta vida en el arte de la pintura. Siendo muy joven se trasladó al país vecino formando parte de la bohemia parisina. Al principio como modelo, más tarde y tras haber aprendido de los grandes maestros, se consagró como pintora firmando sus trabajos bajo un seudónimo masculino.
Aquella historia comenzaba a tomar cuerpo. Se cruzaron los interrogantes, pero nada se pudo averiguar sobre los motivos que llevaron al joven, de porte distinguido y tez sumamente pálida en aquella tarde, en que el olor a hierba flotaba en el aire, a presentarse en el ateneo.
Fabiani narró lo que, desde chico oyó contar a su padre. Todas las miradas atentas en torno a él que, con voz grave comenzó a hilar unos hechos ocurridos mucho tiempo atrás.
La joven del cuadro, que se vio obligada a posar como modelo, dada la penuria en que vivía, se llamaba Flora y fruto de un amor con un compañero de taller, nació su padre. En un principio Flora solo se dedicó a la crianza de su hijo ya que, jamás reveló a Mauricio, que así se llamaba el progenitor, el secreto de su embarazo. Ella se tenía por una de sus muchas amantes. De modo que el niño creció entre lienzos y pinceles que era todo, además de él, lo que Flora poseía. Fueron muchas horas las que pasó atento, con la mirada eclipsada en las manos de su madre. Aquellas telas representaban mundos en los que la mitología y el realismo de los paisajes tocaban cotas muy altas. Pero un día contempló a su madre en una actitud insólita. Se hallaba en el taller, sentada frente a una mesa con un jarrón de flores de luminosos colores. Alrededor, un juego de espejos dotaba a aquel espacio de un aire casi misterioso y en el caballete un lienzo con los primeros esbozos de lo que, más tarde, sería un autorretrato.
Fabiani carraspeó y su tez pálida cobró un tinte ceniciento. Hizo una pausa, como para recuperar energía y prosiguió el relato.
Recordaba a su padre cuando, por las noches, reunidos al calor del brasero les decía
-          Hijos nunca olvidéis a vuestra abuela, fue una gran mujer avanzada a su tiempo cuando el mundo era solo de hombres. Ella, con su esfuerzo y trabajo dignificó la condición femenina-
Cuando Flora dio por finalizado el cuadro, habló con su hijo y le encargó que lo considerara su mejor legado y que nunca se desprendiera de él. Precisó aún más y le hizo partícipe de la verdadera intencionalidad de la obra. Aquel lienzo guardaba un testimonio y era el de dar a conocer la situación en que la mujer se encontraba en aquella sociedad misógina. Su autora, representada de espaldas, ocultando su rostro y su verdadera identidad, eran todo un símbolo.
Pasados muchos años, una serie de acontecimientos, cambiaron el curso de la historia.
Se declaró una grave epidemia de gripe provocando numerosas bajas y afectando al joven Fabiani que hubo de ser hospitalizado. A partir de ahí se perdió todo control del cuadro, llegando a desaparecer su rastro. El resto fue un misterio sin aclarar.
Sobrecogidos por tan estremecedora historia, los miembros de la junta, acordaron por unanimidad, rendir el merecido homenaje a aquella valerosa mujer.
El cuadro de la mujer sin rostro, de autor desconocido, una vez rescatados los vivos colores que la pátina del tiempo había depositado en él, se expuso en la presentación del libro que el ateneo había preparado. Asimismo, se le incluyó en su interior con la debida reseña y, efectivamente la F que figuraba en la parte inferior derecha quedó completada con la firma que, ahora rezaba Floro Fabiani.
En el inferior una nota aclaratoria con la verdadera identidad de su autora.

CRISTINA ÁLVAREZ de  CIENFUEGOS, coordinadora de las actividades poéticas del ATENEO JOVELLANOS  de Gijón




domingo, 29 de marzo de 2020

DESPUÉS DE QUINCE DÍAS

Ya hace quince días que no pongo un pie en la calle. Se podría decir que soy muy obediente. No es del todo cierto, pero necesidad obliga. Continuamente me repito la cantinela de que a salud es lo primero. Se me viene a la cabeza eso que decimos todos los años cuando  nos toca la lotería: que haya salud. Y este año, ni a la mayor parte de los españoles nos tocó, ni hay salud para todos. Eso sí, para unos más que para otros. Demasiadas personas sufriendo en los hospitales y muchas más confinadas como yo en casa. Hoy mi casa, como la de casi todos los ciudadanos, se ha convertido en una jaula. De oro, ciertamente. Porque estar rodeada de tus cosas, de tus libros, con tu música... es una suerte enorme. Pero es posible que hasta ahora no haya sido consciente de ello. Es decir, hasta hace quince días no me había dado cuenta de que era feliz y afortunada. Ahora toca, lo que toca: resistir. Por mi, claro está y por los otros. Para no ser el vehículo que transporte ese maldito virus. Que por ser, es hasta invisible. Una guerra silenciosa, con el enemigo agazapado en cualquier esquina. No podemos tocar, no podemos besar, no podemos acercarnos. ¡Ay Dios!, esto qué es. Supongo que nunca lo sabremos, lo que nos digan los científicos estará bien, aunque cueste entenderlo. En todo caso, me he dado cuenta de que los seres humanos que tan importantes nos creemos, no somos nada frente a la naturaleza que crea esos monstruos microscópicos que ahora nos atacan sin piedad. película, película de ciencia ficción. Y de las buenas. Solo falta el final, ahora no lo sabremos en un par de horas, como en el cine. Habrá que espera, pero cuánto. A saber, lo que la Divina Providencia que dirían unos tenga decidido y  en todo caso lo que un científico iluminado -o muchos conjuntamente- tarden en desenmascarar ese diabólico mapa genético  que constituye su genoma. O algo así, que de científica no tengo nada.